lunes, 26 de septiembre de 2011

Devocional: Un regalo sin igual

 Los dones de Dios son muchos y siempre gratis. Con frecuencia se nos dice: “Cuenta tus bendiciones” y en verdad deberíamos hacerlo. A la vez, ¿quien podría enumerar cada bendición y don que el Señor le ha concedido? El salmista dice: “Si yo anunciare y hablare de ellos, no pueden ser enumerados” Salmo 40, 5

Al pensar en lo dones que Dios nos ha concedido, en seguida pensamos en el don de la salvación. Bien recordamos el remordimiento del pecado y luego, al arrepentirnos la bendición del perdón. ¡Cuánto nos maravillamos del don de la gracia divina! El Espíritu Santo en nuestros corazones es un don de Dios y también el sello de nuestra herencia de los hijos de Dios, sentimos algo de nostalgia por las cosas que el padre tiene preparadas para nosotros en los cielos. 

El mayor y mejor de todos los dones, el supremo y excelentísimo don, el regalo que ningún hombre puede escribir ni explicar, es el don del hijo de Dios, el Señor Jesucristo. El es el Alfa y Omega de los dones de Dios. Jesús es el superlativo absoluto de todos lo que Dios le ha concedido al hombre. ¿Has recibido el regalo sublime de Dios?

Porque no te pones unos minutos a reflexionar de todos los dones maravillosos que has recibido de Dios en tu vida, ¿Qué bendición y cambio ha logrado en ti? Y le dedicas un momento para agradecerle por cada uno de ellos.

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