miércoles, 26 de diciembre de 2012

Devocional: Un héroe verdadero


Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen… (Mateo 5: 44) 

¿Quiénes son los héroes verdaderos? No son los príncipes valientes que nos ilustran los cuentos de hadas, trotando con sus corceles y rescatando doncellas por los castillos. Tampoco aquellos que con espadas y armas de fuegos tratan de acabar con el odio de sus enemigos. De esta manera terminan a veces las guerras, pero con dolor y destrucción, provocando una continua venganza. Los verdaderos héroes son aquellos que nos dice el Señor, aman a sus enemigos, los bendicen y les hacen todo el bien que puedan como sus mejores aliados. Si quieres salir vencedor y convertirte en un héroe verdadero, pues te aconsejo que lo hagas al modo cristiano. 

“Haz de tu enemigo un amigo”

Tres pilluelos del pueblo iban al patio de una casa donde se daban los mangos más deliciosos de todo el condado. Allí vivía un anciano, que con gritos y piedras los espantaba. Aún así, la astucia y picardía de los chicos era tremenda. Mientras uno enfrentaba al anciano con ofensas, los otros se encargaban de recoger los mangos, logrando su objetivo. Esto sucedía verano, tras verano. Hasta que al finalizar una de estas temporadas el anciano cansado de ahuyentar a sus rivales pensó: “Estos muchachos no dejan de mortificarme y no logro lo que quiero. Tendré que trazarme otra estrategia para vencer y ser el héroe de esta guerra, ¡Ya sé! –exclamó.

Pasó el otoño, el invierno, primavera y al llenarse de frutos el verano, los chiquillos se aparecieron en los límites del patio, el que siempre distraía al anciano comenzó a gritarle los acostumbrados agravios, pero al pasar el rato, nadie salió y decidieron entrar todos, pensaron que no había nadie. “¡Y esto que significa!“ –exclamaron al ver las puertas abiertas y todos los frutos servidos en cestas. Esto les dio aún más curiosidad y se adentraron en la casa, presentían que algo raro pasaba. “¡Pero que le sucedió Señor!” –dijo el chicuelo que siempre insultaba al anciano al verlo enfermo en cama. “Nada hijo, no encontraba la forma de salir victorioso y me dije una cosa, solo venceré a mi enemigo, cuando haga de él un amigo.

Así fue que me dispuse a recoger todas las primicias del verano para ustedes. Ante esta actitud, los muchachos aprendieron una gran lección, experimentando afecto y cariño por primera vez por aquel hombre quien continuamente mortificaba. Cuentan que los pilluelos atendieron al anciano hasta su recuperación y todos los veranos se reúnen como los mejores amigos a compartir de los deliciosos mangos que un día fueron motivo de guerra, pero que ahora son de una linda amistad.

Oración: Con el ejemplo de tu amor Señor, aprendemos a amar a nuestros enemigos. Gracias por arrancar toda amargura y odio al sacrificarte por nosotros. Amén.

Pensamiento: Cristo nos enseña cómo hacernos de amigos, amando a nuestros enemigos.

Autor. Eduardo - Cuba
  
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